El hombre que nunca estuvo allí, Joel Coen, (2001)
Una de las sorpresas más agradables de los últimos años
A veces sucede que alguien nos recomienda con entusiasmo que veamos una determinada película. “Tienes que verla, de verdad, que está muy bien”. Si varias personas nos repiten lo mismo, vamos a verla con unas expectativas inusitadas. Y generalmente no era para tanto. Nos creamos tantas ilusiones, que cuando termina se nos queda un mal sabor de boca.

Y también ocurre al contrario: que vamos a ver una peli sin esperar nada de ella, y nos sorprende gratamente. En ese momento nos alegramos de haber ido al cine. Aunque es improbable, así podemos descubrir alguna obra maestra cuya existencia desconocíamos. Os aseguro que eso fue lo que me pasó cuando mi destino se cruzó felizmente con The man who wasn´t there.
Apoyada en dos sólidos pilares como son Billy Bob Thornton y Frances McDormand, los Coen entregan una original y densa intriga que homenajea al cine negro destilando elegancia y sobriedad.

Un apático barbero de un pequeño pueblo rural encuentra en el chantaje a su esposa una posibilidad para escapar de su tediosa vida. De nuevo la historia del don nadie involucrado en asuntos escabrosos.

Un Billy Bob Thornton en estado de gracia ejecuta una actuación perfecta. Tal como yo lo suelo decir, Thornton está sobrado, algo que sólo detecto cuando estoy ante genios como Jack Nicholson o Tom Hanks. Aluciné viendo todo el rato su rostro impasible rodeado del humo espeso de su cigarrillo.
Estamos habituados al humor negro, las situaciones surrealistas, chantajes, o personajes estrambóticos que suelen aparecer en el cine de estos hermanos que tanto han hecho y están haciendo por el cine contemporáneo. Todos los años, los buenos aficionados al cine esperamos impacientes los nuevos trabajos de Clint Eastwood, Woody Allen y los Coen. O por lo menos yo. Son los momentos, no por breves menos dulces, que me liberan puntualmente de la amarga cartelera.

La magia de esta película está en su fotografía en blanco y negro, a cargo del británico Roger Deakin, quien ha repetido en dos trabajos posteriores de los Coen: Crueldad intolerable y The ladykillers. Lo curioso es que fue rodada en color, y luego editada en blanco y negro, lo que explica una fotografía tan luminosa. En televisión han emitido la primera versión, con colores apagados, pero claramente en color. Para mí no hay comparación.

Por un lado, es un poco triste e injusto el escasísimo público con el que contó en su estreno. Pero, por otro, esto no impide que la valoremos como una joya perdurable en nuestras mentes. La crítica ha coincidido en alabarla pues, sin duda, se trata de uno de los trabajos menos conocidos y más acertados de los hermanos.


Es un film de silencios prolongados, parco en palabras pero generoso en gestos y tabaco. Cuentan que Thornton pasó un tiempo ingresado después del rodaje, enfermo de tanto fumar. James Gandolfini (¿o era Tony Soprano ?) es el tercer vértice del triángulo en esta historia. Ojo a la fugaz pero intensa aparición de una jovencísima Scarlett Johansson, la sensación del momento.

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