Me and You and Everyone We Know. Miranda July. EEUU, 2005
))<>(( forever
La directora. Miranda July, es la nueva estrella del cine “independiente” norteamericano. Artista multidisciplinar cuyos orígenes están cimentados en esa abstracción que hoy por hoy se llama “arte contemporáneo”. Performances, webs, música y videos son los medios con los que Miranda July había realizado hasta el momento sus acciones poéticas. A la hora de afrontar su opera prima, ha sabido adaptar su personalidad y su particular visión a las exigencias particulares de un lenguaje cinematográfico sin sacrificar la esencia de su arte. Esta proeza le fue compensada con el Premio Especial del Jurado del festival de Sundance, festival que ya un año antes le había servido para finalizar su guión durante un taller de escritura y dirección.
La película es una obra coral, sobre las relaciones y sobre las cosas maravillosas que le sucede a la gente cuando se comunica. Sobre gente que se esfuerza en hacer que la vida siempre sea un lugar mejor en el que estar, donde el mal no está representado por una amenaza terrorista, sino por el mismo individuo que alimenta sus propios miedos. Son realidades extrañas que se hacen creíbles gracias a la honestidad con la que Miranda nos muestra su universo particular. Ese universo que es ella misma, tanto en sus virtudes como en sus defectos.

Si en algo destaca esta película es en el extremado y arriesgado uso de la sensibilidad que impregna toda la narración pero que nunca se vuelve empalagosa. Como el título de aquella
obra de Daniel Clowes: Como un guante de seda forjado en hierro así es esta película. Me and You and Everyone We Know de Miranda July es como el otro lado de la moneda de Happiness de Solondz.


El guión destaca sobretodo por las maravillosas conversaciones que mantienen los protagonistas y por esas representaciones de intimidad y realidad que se dan de manera inocente y pura al margen de códigos morales rancios que quedan aplastados por la inteligencia de Miranda July. La poesía de esta obra está en la capacidad de mantener un espíritu infantil… y es esa la poesía en realidad, el juego de un niño que se hace adulto, o de un adulto que es niño.

Tanto la fotografía como la música tienen una factura muy buena y aunque al principio promete mucho, al final la evolución no termina de ser redonda.
La banda sonora, que corre a cargo de Mike Andrews
(el mismo que se encargó de la de Donnie Darko) se vuelve un poco repetitiva y teniendo en cuenta que al final la película comienza a flojear, a más de uno le podrá empezar a picar la cabeza. Pero el amor con el que está hecha esta bella obra y la presencia de varias secuencias geniales hace que uno borre de su cabeza todas las cosas malas que pueda tener esta película. O eso, o la odias con muchas ganas, que por otro lado también es muy probable… en resumen, la impresión de esta película me la podría tatuar en los nudillos como Robert Mitchum en La noche del cazador. Love & Hate.

Y como no he estado muy inspirado escribiendo este articulo os remito a uno que aunque os destripa un poco la película le echa ganas de verdad y tiene bastante gracia, aquí su enlace. Además de regalo el blog personal de Miranda July que no actualiza desde el año pasado y una entrevista.
El cine puede ser otra cosa . Alejandro Gaviño El cine puede ser otra cosa . Alejandro Gaviño