Grizzly Man, de Werner Herzog. Estados Unidos, 2005.
Crónica de una muerte anunciada
Al igual que en la obra de Gabriel García Márquez en la que un hombre se sabe de antemano que va a morir, en esta película desde la primera escena se previene al espectador de la defunción de su protagonista, el extravagante y amante de la Naturaleza Timothy Treadwell. Este californiano exsurfista, exbebedor y protector de los osos vivió cerca de estos animales durante trece años sin ningún tipo de armas y grabó sus experiencias en el Parque y Reserva Nacional de Katmai en Alaska durante sus últimos años de vida.

Para suerte del reputado director alemán Werner Herzog, Timothy dejó más de 100 horas de grabación, incluidos los gritos de él mismo y su novia, Amie Huguenard, que le acompañó hasta el último momento,
en el que fueron devorados por un oso anciano y hambriento que hizo caso omiso del amor que este ser humano tan característico sentía por él.

Lo realmente interesante de la película, aún sabiendo el trágico desenlace, es el relato que va tejiendo Herzog, y todo lo que Timothy Treadwell desnudó de él ante su propia cámara, con la que habla continuamente como hacía Tom Hanks con su pelota Wilson en Naúfrago. No contento con eso, repetía la misma escena en quince tomas, intentando lograr la perfección de su discurso y, porque no decirlo, buscando salir lo más guapo posible, porque Treadwell era ecologista pero también un narcisista nato, un showman que se dejó cuando era joven por no ser escogido para la serie Cheers. Inaudito pero cierto.
Al margen del pseudopersonaje que protagoniza el film y que se iba inventando así mismo mintiendo en ciertas ocasiones, hay otros aspectos por los que Grizzly Man es una película extraordinaria: véase como un hombre sobrevive en mitad de la Naturaleza sin más arma que su videocámara, cómo entabla amistad con los zorros, cómo a veces parece no entender la Selección Natural y la existencia de los predadores y, al fin y al cabo, la dureza del ciclo de la vida.
Él mismo sabe del peligro pero se arriesga una y otra vez, haciendo lo que de verdad ama, sumido en su propia locura totalmente cuerdo, trascendiendo los límites que la Naturaleza marcó para el hombre, yendo cada vez más lejos, con sus propios demonios y fantasmas interiores, acercándose a su final trágico en el éxtasis más alto de su existencia. Este lugar le había proporcionado la felicidad absoluta: era su santuario particular alejado de la controvertida raza humana.
Pero el hombre no desapareció para siempre. Dejó detrás una fundación creada por él mismo y por Jewel Palovak, una exnovia que seguía siendo una de sus mejores amigas y que también ama la Naturaleza como sus malogrados amigos Timothy y Amie. La fundación habría de llamarse Grizzly People, y la asociación de ésta y la marca Minolta fue la que permitió a este aventurero llevar a cabo sus propósitos para con los osos durante tantos años a costes pagados.

Es curioso que el Timothy Treadwell español, Félix Rodríguez de la Fuente, autodidacta como él, también muriese en Alaska, cuyo esplendor podemos ver en Grizzly Man. Al margen de la anécdota, estamos ante una interesantísima película documental.

Web oficial de la pelicula
Grizzly People



Documental . Luis Fco. Pérez Documental . Luis Fco. Pérez