Cuento hasta tres y abro los ojos para cerrarlos inmediatamente. Está todo tan oscuro que apenas he conseguido ver nada con nitidez, pero sí lo suficiente como para observar sombras a mi alrededor. Me levanto de un salto, profiriendo gritos y moviendo los brazos como aspavientos para espantar lo que sea que me rodea. Consigo que las sombras se aparten y una vez pasado el momento de histeria mi grito retrocede hasta quedarse en en mi laringe. Mis ojos me hacen callar cuando descubren que lo que me rodean no son nada más que letras, vocales y consonantes minúsculas que me observan con temor y curiosidad. Repongo mi actitud e intento disculparme. Intento explicarles mi situación pero no parecen entenderme. Lo dejo por imposible e intento proseguir mi camino. Las letras me siguen y aunque me esfuerzo para que me dejen seguir mi camino a solas, siguen ahí, detrás mío. Procuro ignorarlas y al cabo de un rato veo que deciden detenerse y abandonarme, se despiden de mí y yo les digo adiós con la mano.
Al cabo de unas horas oigo otra vez unos ruidos contundentes como pasos agigantados. Pienso que Anna ha vuelto al piso pero no detecto su voz ni ningún indicio de luz. Además, oigo demasiados pasos.
Miro a mi alrededor pero no veo nada. Si hubiese un poco más de luz... Sigo caminando, al proseguir mi marcha |
vuelvo a oír esos pesados pasos.
Hago como si no los oyera y al cabo de un rato me doy la vuelta lo más rápido que puedo. Detrás de mí veo una letra mayúscula grande como un tanque. La saludo amistosamente pero ella se deja caer encima mío intentando aplastarme. La esquivo por poco. Me doy cuenta que hay más, que se acercan saltando.
Corro, corro todo lo que puedo. Oigo como las lestras pesadas como el plomo caen detrás de mí, son tan pesadas que cada vez que se desploman tengo que hacer auténticos equilibrismos para no caerme al suelo. Por suerte todavía soy bastante rápido, pero empiezo a cansarme. ¿Qué es eso que hay allí delante? Me detengo, estoy casi al final, casi en el borde de la página, si llego ahí estaré salvado. Por desgracia la página sobresale del escritorio y lo que tengo delante de mí es un precipicio interminable. Las mayúsculas vienen, se abalanzan tres a la vez intentando acabar conmigo de una vez por todas. Cierro los ojos y salto.
Me caigo de la silla. Me he dormido en el escritorio y me he caído al suelo en mitad de una pesadilla. Encima no he escrito nada y el tiempo se me echa encima, no conseguiré entregar el relato del e-zine a tiempo. Apago la luz y me voy a la cama. |