Un corazón en invierno Claude Sautet, 1992 |
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Hermosa película, triste historia de amores no correspondidos |
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Recientemente he descubierto con gozo los trabajos que Emmanuelle Béart ha realizado en Francia, de la mano de directores franceses. Es indudable el tirón sexual de esta mujer, y lo lógico es aprovecharlo. Ahora bien, la diferencia entre ponerlo al servicio de un buen guión y un buen director, o simplemente hacer de su esbelta y morbosa presencia el motivo principal para congregarnos frente a la pantalla, es palpable. Algunas de las recientes, como Nathalie X o Fugitivos, ambas del 2003, son películas aceptables.
Pero sus apariciones en la década de los noventa nos han dejado algunas obras maestras, como El infierno (94), de Claude Chabrol, y dos joyas del cine moderno europeo dirigidas por Claude Sautet: Nelly y el señor Arnoud (95), y esta Un corazón en |
invierno (92). El pilar fundamental sobre el que descansa la cinta es su sólido guión, que consigue interesarnos hasta el extremo por una historia mil veces vista.
En segundo lugar, el triángulo de actores realiza un trabajo perfecto. Sigo dándome cuenta de lo buen actor que es Daniel Auteuil, me da vergüenza decir que lo descubrí en Caché (2005), de Michael Haneke. A André Dussollier lo había visto en La buena boda, de Eric Rohmer, y está más que correcto. Pero, por supuesto, mención aparte para la Béart, qué mujer. Diría “sensualidad”, si tuviera que definirla en una palabra. Su personaje se muestra variable, de una insensible e inalterable gelidez, pasa a transformarse en una ardiente criatura dominada por los celos. Encantadora. |
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La historia, lo dicho, resulta de lo más convencional. Supongo que así es más difícil que surjan obras maestras, si se tocan temas habituales como el amor, acerca del cual parece estar todo contado. O no tiene por qué, pero en cualquier caso me parece un logro construir una obra tan brillante dado el punto de partida.
Gran trabajo en la dirección de Sautet, que hila todas las secuencias de forma magistral, para que entendamos y aprendamos el complejo proceso de la seducción, el cortejo, ese tira y afloja entre hombre y mujer, tan difícil de gestionar cuando se trata de resolver o consumar el acercamiento. Ese juego se desarrolla despacio, nos ofrece un buen puñado de magnéticos minutos.
Fascinados, desembocamos en un final intenso y extraordinario que se aleja de cualquier cosa que estuviéramos esperando.

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Para que os situéis, está Maxime, dueño de una cálida tienda de violines, donde los fabrican y reparan. Stéphane es uno de sus empleados, un tipo introvertido, de presencia inerte. Mantienen una relación puramente profesional. Un día, Maxime le presenta a Camille, una bella violinista de quien se ha enamorado…

Una profundidad de personajes como ya no se ve en ninguna película del cine actual. La última película que me ha helado el corazón.
Ficha técnica
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