Shinobi Ten Shimoyama, 2005
Épica ninja no apta para “freaks” del género
Hacía tiempo que se comentaba que en Japón se estaba produciendo un resurgimiento del clásico cine de ninjas. Azumi fue el primer film de este nuevo ciclo. Con Shinobi quieren demostrar que van en serio, y que van a invertir en ello, como demuestran las cifras de su presupuesto. El elegido para llevar a cabo este ambicioso proyecto ha sido Ten Shimoyama, director novel en este tipo de género, pero no en otros, ya que cuenta con cinco títulos más en su trayectoria como director.

Shinobi es la adaptación del popular cómic Basilisk: The Kouga Ninja Scrolls, y tanto, el film como el cómic, están basados en la novela Kouga Ninpu Cho, escrita por Futaro Yamada, co-guionista del film. La historia se localiza en el Japón feudal de la era Keichou, tras cuatro siglos de
sangrientas guerras, el país respira serenidad y el Señor de la Tierra, Shogun, no está dispuesto a que esta tranquilidad se vuelva a quebrar. En sus bosques, viven los “shinobi”- ninjas con poderes especiales- divididos en dos aldeas. Ambas están enfrentadas, pero viven en paz tras un pacto que realizaron sus fundadores. Los shinobi son guerreros, entrenan todos los días y viven para luchar, por lo tanto son un peligro para el Shogun, y qué mejor para acabar con ellos que el enfrentamiento de ambas aldeas. Para ello, cada una debe elegir a sus cinco mejores miembros y comenzar una lucha, cuerpo a cuerpo, en la que sólo puede sobrevivir uno y proteger a su aldea.

Está compleja disputa es el marco violento, en el que se integra la imposible historia shakesperiana de
Oboro y Gen-no-suke, miembros cada uno, de una de las aldeas rivales.Y líderes, respectivos, de cada aldea. Esta historia de amor, veda el protagonismo a los enfrentamientos, La curiosidad por saber si conseguirán estar juntos o no, está por encima, de si ganará la aldea Kouga o la aldea Iga.

Los poderes de estos atípicos ninjas, al estilo de La Liga de los Hombres Extraordinarios, o incluso, de la pandilla de desaliñados X-Men, son el pretexto perfecto, para explotar las posibilidades extremas, e incluso kitsch, de los CGI y el látex. Cada uno de los diez shinobi, elegidos para salvar el honor de sus aldeas, se caracterizan por tener un poder particular. Cabe describir, las interminables mangas estranguladoras de un andrógino ninja de la aldea Kouga, y el sutil suspiro letal de una bella ninja de la aldea Iga, por cuya piel circula veneno en vez de sangre.

El interés por el film va decreciendo a medida que los enfrentamientos se suceden, dada su incredibilidad y falta de originalidad, hasta llegar al enfrentamiento de Oboro y Gen-no-suke, en medio de una inmensa llanura, es la secuencia de mayor tensión, constituye el clímax, dónde debería haber finalizado el film. Una vez resuelta la historia de amor, el metraje final supone un azucarado alegato por la paz y el amor en el mundo. Una sentencia que condena

todo el film a lo que en definitiva es: una pésima copia de las delicadas Tigre y Dragón, Hero, o La casa de las dagas voladoras, todas ellas, realizadas por sus infravalorados vecinos chinos, y de las que Shimoyama plagia los ya de sobra recreados saltos voladores de sus guerreros.

Lástima que la mediana recreación de las luchas y la empalagosa banda sonora, haya empañado la impecable y pictórica fotografía del maestro, Masasai Chikamori, todo un ejemplo del sutil uso del color dentro de la naturaleza. Destacando los paisajes memorables por los que se desliza el águila mensajera, amiga de Oboro y Gen-no-suke. En cuanto a la interpretación, a pesar de las sobreactuadas interpretaciones de algunos miembros del reparto, cabe destacar el trabajo de la pareja protagonista, Jô Odagiri y Yukie Nakama.

Mega-producción nipona, estrenada en España dentro del circuito cinematográfico del Festival Asia, que no ha convencido a nadie, aunque en su país no ha tenido unos malos resultados en taquilla. En definitiva, una decepción para los lectores de la respetable novela, por no citar la indignación que sienten los seguidores del cómic, que como buenos “freaks”, prefieren la versión del videojuego al insulso film de Shimoyama.

ASIÁTICO . Antonio Caballero ASIÁTICO . Antonio Caballero