| Un certain regard. Ambas constan de dos partes, claramente diferenciadas. En Tropical Malady, la primera mitad, es una historia de ciudad, parecida a la forma de retratar ciudades que tienen Hou Hsiao Hsien (Millenium Mambo) o Tsai Ming Liang (El sabor de la sandía), ya que ambos son claros referentes de su filmografía.
Weerasethakul registra un Bangkok por el que, al contrario que en el resto de capitales asiáticas, no pasa el tiempo. En ella, un soldado y un campesino, viven unas románticas vacaciones. Situación propicia para pensar que, inmediatamente, algo va a romper esa situación idílica, pero no. Con un fundido a negro da comienzo la segunda parte, inmersa en la selva, en su silencio y lobreguez. Esa ruptura narrativa desubica al espectador, lo deja desprotegido de todo referente. Y es esta quiebra, la que hace de este tailandés un director diferente e inclasificable.
La selva es su hábitat natural. Allí se crió y conoció la mitología de su país, por ello, recurre a ella en todos sus films y videocreaciones. En esta segunda parte, es cuando comienza a desarrollar una fábula, llena de misterio y lucidez. Protagonizada por un soldado, uno de los actores de la primera parte, pero no en el mismo papel interpretativo, que emprenderá una huída sin rumbo por las entrañas de la selva.
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En un primer análisis, la única conexión aparente de las dos partes estaría en el comienzo del film con la cita del cuento La bestia salvaje, del japonés TonNakajima, y el final, que reproduce en imágenes el texto de Nakajima. Pero no es así, ambas partes se necesitan. Para entender la compleja fábula desarrollada en la segunda parte, has de revisar todo lo ocurrido en la ciudad, durante la primera parte.
No existe una banda sonora identificable, pero todos los sonidos de los pájaros, así como de la polución urbana, están insertados concientemente, creando una banda sonora natural.
En definitiva, todo un collage visual, en el que la historia no es lo fundamental. Hay que vivir esta experiencia dejándote llevar, sintiendo emociones, sin querer encasillar o clasificar algo que no tiene nombre ni lo quiere. Adentrarte en un universo iconológico para salir de la ciudad y entrar en la selva, es decir, dejar de ser un ser cultural para volver a tu ser salvaje , sin contextos ni prejuicios, que limiten tu percepción del film. Lo importante en este film, casi experimental es interpretarlo de forma sensitiva, no racional. |