Tropical Malady (Sud Pralad) Apichatpong Weerasethakul, 2004
Fábula y misticismo. El videoarte entra en las salas de cine
La tailandesa Tropical Malady es un buen ejemplo para comprender cómo funciona la cartelera en nuestro país. Todos sabemos cuáles son los criterios por los que se rigen las distribuidoras comerciales, aun así, existen muchas salas de exhibición que luchan contra ellos y optan por una programación independiente.

Después de ganar el Premio del Jurado en Cannes y ser elegida la mejor película del año por los críticos de Cahiers du Cinema, Tropical Malady ha tardado dos años en llegar a nuestras salas (término “nuestras”, que en este caso, se refiere a dos pequeñas salas, una en Madrid, y otra en Barcelona), algo que nos hace reflexionar. Esta situación hace palpable la reacia respuesta de la industria cinematográfica ante el cambio que se
está produciendo en el cine del nuevo siglo. Se niega a creer que el cine ya no es, simplemente, la creación de situaciones regidas por el inmutable paradigma causa-efecto, sino que hay otras fórmulas alternativas de hacer cine, hacer arte.

En Tropical Malady, el espectador confía que ocurra algo después de cada plano-secuencia, y se inquieta a medida que la película se desarrolla, sin recibir ninguna compensación. No es una película ambiciosa, reivindicativa. No quiere demostrar nada. Weerasethakul muestra lo que ve, quizás la realidad a la que Kant se refiere, y nuestro ser no nos deja ver.
El planteamiento de este film es muy parecido a su anterior producción Blissfully yours, que ganó también en Cannes, pero esta vez se llevó
Un certain regard. Ambas constan de dos partes, claramente diferenciadas. En Tropical Malady, la primera mitad, es una historia de ciudad, parecida a la forma de retratar ciudades que tienen Hou Hsiao Hsien (Millenium Mambo) o Tsai Ming Liang (El sabor de la sandía), ya que ambos son claros referentes de su filmografía.

Weerasethakul registra un Bangkok por el que, al contrario que en el resto de capitales asiáticas, no pasa el tiempo. En ella, un soldado y un campesino, viven unas románticas vacaciones. Situación propicia para pensar que, inmediatamente, algo va a romper esa situación idílica, pero no. Con un fundido a negro da comienzo la segunda parte, inmersa en la selva, en su silencio y lobreguez. Esa ruptura narrativa desubica al espectador, lo deja desprotegido de todo referente. Y es esta quiebra, la que hace de este tailandés un director diferente e inclasificable.

La selva es su hábitat natural. Allí se crió y conoció la mitología de su país, por ello, recurre a ella en todos sus films y videocreaciones. En esta segunda parte, es cuando comienza a desarrollar una fábula, llena de misterio y lucidez. Protagonizada por un soldado, uno de los actores de la primera parte, pero no en el mismo papel interpretativo, que emprenderá una huída sin rumbo por las entrañas de la selva.
En un primer análisis, la única conexión aparente de las dos partes estaría en el comienzo del film con la cita del cuento La bestia salvaje, del japonés TonNakajima, y el final, que reproduce en imágenes el texto de Nakajima. Pero no es así, ambas partes se necesitan. Para entender la compleja fábula desarrollada en la segunda parte, has de revisar todo lo ocurrido en la ciudad, durante la primera parte.

No existe una banda sonora identificable, pero todos los sonidos de los pájaros, así como de la polución urbana, están insertados concientemente, creando una banda sonora natural.

En definitiva, todo un collage visual, en el que la historia no es lo fundamental. Hay que vivir esta experiencia dejándote llevar, sintiendo emociones, sin querer encasillar o clasificar algo que no tiene nombre ni lo quiere. Adentrarte en un universo iconológico para salir de la ciudad y entrar en la selva, es decir, dejar de ser un ser cultural para volver a tu ser salvaje , sin contextos ni prejuicios, que limiten tu percepción del film. Lo importante en este film, casi experimental es interpretarlo de forma sensitiva, no racional.
ASIÁTICO . Antonio Caballero ASIÁTICO . Antonio Caballero