Keith Fulton y Louis Pepe, directores de este largometraje documental, llegaron a su obra más reconocida de rebote. Terry Gilliam les había encargado el making of de una película suya allá por el año 2000. Se trataba de un proyecto con el que el antiguo miembro de los Monty Pithon llevaba ya diez años: una adaptación de la obra más conocida de Miguel de Cervantes que llevaría por nombre The Man who killed Don Quixote.
Gilliam conocía muy bien el proyecto, se sabía la película de principio a fin, y se conformó con menos de lo que necesitaba porque Hollywood no le dio bola. Europa fue insuficiente, y todo lo malo que podía suceder, sucedió. Al igual que Orson Welles, el británico se quedó sin terminar su Quijote.
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Los directores. Fulton y Pepe ya habían trabajado con Gilliam en el making of de Twelve Monkeys (Doce monos), y han realizado encargos de la talla de Three Kings (Tres Reyes). Sin duda, Lost in La Mancha supuso un golpe de suerte para ellos, al contrario que para el resto del equipo...
Una serie de catastróficas desdichas.
Como en la serie de libros escrita por Lemony Snicket, en el rodaje de esta película se sucedieron una tras otra todas las desgracias posibles. Tempestades inoportunas en pleno verano, una aseguradora que no funciona como tal, un actor protagonista que cae gravemente enfermo, una actriz que no llega y no se sabe si lo hará, unos aviones militares que surcan el cielo en pleno rodaje... etc, etc, etc... |