La revancha de los novatos, Jeff Kanew, 1984 |
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| Vindicación de la igualdad |
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Quizá surgida a raíz de una cadena iniciada por producciones de corte adolescente tipo Porky's o Los albóndigas, La revancha de los novatos se erige como el paradigma de las películas sobre estudiantes, en este caso universitarios, ávidos de sexo y marginados por un entorno superficial. En esta, a priori, comedia estúpida ‘ochentera' subyace una trama que entronca con la bíblica historia de David contra Goliat, aunque dotada de más complejidad por ubicarse temporalmente en la posmodernidad.
El argumento es bien sencillo: dos amigos, los futuros informáticos de calcetines blancos Gilbert (Anthony Edwards) y Lewis (Robert Carradine), se aproximan a su ingreso en la universidad, donde tendrán todo tipo de avatares. En los comienzos de su andadura, Lewis, algo más despabilado, se enamora de Betty
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Childs (Julie Montgomery), una chica rubia animadora del equipo de fútbol americano y novia de Stan Gable (Ted McGinley), ‘guaperas' de turno y líder de los deportistas. Tras una juerga salvaje, Gable y los suyos destrozan su lugar de residencia y echarán, a continuación, a los ‘nerds' de su hogar, que tendrán que instalarse coyunturalmente en un gimnasio. Viene a colación explicar el término ‘nerd', sustituido en castellano por novato al carecer de un vocablo equivalente. En Estados Unidos, un ‘nerd' es el equivalente al ‘friki' español, un joven fascinado por el conocimiento y con gustos poco convencionales que en ocasiones, puede llevar gafas de pasta. Precisamente, en La revancha de los novatos estamos ante la mejor puesta en forma de este personaje-tipo, un individuo que en la realidad puede |
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| llegar luego a convertirse en Bill Gates (Microsoft) o Steve Jobs y Steve Wozniak (Macintosh). Por otra parte, este concepto, a medio camino entre la categoría estética y la moral, también ha servido para bautizar subgéneros musicales como el ‘Nerd Rock', en el que se desenvuelven hoy día Rivers Cuomo (Weezer) o Matthew Caws (Nada Surf). En la película, el ‘nerd' es representado por medio de varios personajes, entre los que destacan los siguientes: Pelotilla (Curtis Amstrong), el clásico fumeta; Takashi (Brian Tochi), un japonés empollón; Lamar (Larry B. Scott), negro gay; Pointdexter (Timothy Busfield), el paradigma de ‘nerd'; y Wormser (Andrew Cassese), un superdotado de 12 años. Por su parte, los deportistas (o ‘guays' o ‘pijos', como se quiera) funcionan como un ente común del que sobresalen el mencionado Stan Gable y Ogro (Donald Gibb), una bestia parda cuyo único objetivo es humillar y destruir ‘nerds'. En un principio, parece imposible que los héroes de la película sean capaces de ponerse a la altura de quienes pretenden reeditar en el periplo universitario una jerarquía propia del instituto. Pero gracias a su inteligencia irán soslayando complicadas situaciones, como por ejemplo encontrar una hermandad: tras varias dificultades entran a prueba en la Lambda Lambda Lambda, no por casualidad integrada por negros. A partir de aquí, el curso va transcurriendo con los ‘nerds' creciéndose poco a poco hasta que
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llegan unas jornadas festivas, presentadas como el clímax narrativo, en las que tendrán que superar pruebas de diversa índole (deportes, espectáculos cómico-burlescos, etcétera). En este tramo del filme, los protagonistas demuestran originalidad frente a la esterilidad creativa de sus oponentes. En paralelo, ofrece además la posibilidad de ver a dos Américas (de Estados Unidos) enfrentadas: la lucha de la diversidad frente a la hegemonía W.A.S.P. Sirva como ejemplo el espectáculo musical que montan los ‘nerds', que ante la rancia puesta en escena de unos deportistas y animadoras intercambiándose los roles, tocan juntos una canción en la que se puede ver a Wormser y Lamar bailando break-dance, y a Gilbert y Lewis convertidos en unos Ralph Hütter y Florian Schneider (líderes de la banda techno-pop alemana Kraftwerk) norteamericanos.
El paso de los años y las sonrisas bobaliconas de sus protagonistas no han evitado que, en ocasiones, sea considerada como producto de culto al ser citada directamente en obras recientes como American Splendor o, indirectamente, en Napoleon Dynamite. Y es que La revancha de los novatos, que originó una saga de la que tan sólo son rescatables sus dos primeras entregas, alberga no pocas referencias que bastan para justificar su factura. Actualmente, está previsto un inoportuno ‘remake' que, a buen seguro, quedará desprovisto del ramalazo políticamente incorrecto de esta obra originaria. Ficha técnica |
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