The Host, de Bong Joon-Ho, 2007 |
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El resurgimiento del kaiju |
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Tras su paso triunfal por el Festival de Sitges'06 y convertirse en una de las películas más taquilleras de la historia de Corea del Sur, llega a nuestra cartelera la bestia en la que muchos han visto la reencarnación de viejos monstruos japoneses, como Baragon o Godzilla. Pero The Host supera con creces este género fantástico kaiju para convertirse en un híbrido de numerosos estilos, entre los que destaca la comedia como el género unificador de esta heterogeneidad.
El film comienza con un magistral prólogo, que desconcierta y a la vez engancha al espectador hasta el final. Tras un vertido tóxico en el río Han, se produce una mutación genética que da como resultado el surgimiento de una repugnante y gigantesca criatura que se dedica a matar a sus creadores, las |
personas. La última de sus víctimas es una niña a la que en un principio dan por muerta, pero pronto se descubre que está oculta en el vertedero de cadáveres del monstruo. Su búsqueda provoca la unión de toda su familia, momento en el que la película da un giro de 180º, dejando la figura del monstruo en un segundo plano, para centrarse en los fantasmas que rodean todo núcleo familiar, así como la vida de cada uno de sus “fracasados” miembros.
Además de la problemática familiar, son muchos los discursos que se pueden entrever en este título, en el que se mezcla la crítica social, el humor, el terror y el suspense. Todo un mix que nos lleva a calificar este film como obra maestra, alejándose de los inexpresivos eslóganes que la |
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| publicidad nos ha intentado vender.
La voraz crítica al imperialismo norteamericano es uno de ellos. Es un americano el que da la orden del vertido y es el gobierno estadounidense el que inventa la farsa de una plaga vírica para controlar el pánico social, representado por un “patético” médico que hará auténticas barbaridades para demostrar la existencia de dicho virus. Este argumento no es casual, ya que es una representación teatral de la actual política internacional llevada a cabo por los EE.UU., y su manejo de “países-marioneta” como Corea del Sur, cómplices de Norteamérica tras la Guerra Fría. En la escena final, Bong Joon-Ho, el director, nos pone imágenes del telediario con la aceptación del gobierno norteamericano de los errores cometidos tras el vertido de gas amarillo para matar el ficticio virus. Un claro guiño a la actualidad, en la que las disculpas estadounidenses llegan cuatro años después de la invasión iraquí.
La comicidad de la cinta, representada por cada miembro de la familia, nos regala los mejores momentos del film, provocando una carcajada generalizada en momentos como el velatorio de las víctimas, cuando toda la familia se une en un llanto común, provocando el asombro de todos los asistentes y convirtiéndose en el centro de atención de los medios de comunicación. Esto nos hace reír y, a
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