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Tras haber recorrido el mundo a través de sus acontecimientos en tiempo real, Tintín salta al futuro en el binomio formado por Tintín en la Luna y Aterrizaje en la Luna. El propio autor reconoce la influencia de Julio Verne: “Yo no he hecho otra cosa que novelar unos libros que ya existían, en particular La Astronáutica de Alexandre Ananoff. He leído muchísimo antes de lanzarme a esta historia”. La maqueta del cohete lunar y los trajes de astronautas anaranjados que lucen los personajes (incluso el perro Milú, el otro compañero inseparable de Tintín), forman ya parte de la imaginería clásica de la Ciencia Ficción.

Tintín en el Tíbet está considerado el álbum más importante, por ser quizá el más personal. La historia gira alrededor de la lealtad y la amistad, valores inherentes al joven Remi desde su época escultista, y cobra un valor especialmente significativo el elemento onírico: “En aquella época yo sufría una crisis, y mis sueños casi siempre eran sueños blancos, muy angustiosos”. La nieve era la gran protagonista de la historia. De repente, el mundo detallista de Tintín se veía desbordado por “la nada”. Además, aparece El Yeti, una de las pocas concesiones a lo “paranormal” que hace Hergé, previo exhaustivo trabajo de documentación, evidentemente.

Tras el Tíbet, Hergé construye  Las Joyas de la Castafiore realizando una pirueta argumental que se basaba en
encerrar a sus personajes en el emblemático palacio de Moulinsart, propiedad de Haddock, y mantener la atención del lector a través de una trama sin aventura, sin malos, sin verdadero suspense y cuyo desenlace es tan caprichoso como la voluntad de una urraca amiga de lo ajeno. Hergé da una lección de comedia de enredo para la cual Tintín nos prepara desde la portada, llevándose el dedo a los labios mientras la oronda Castafiore castiga los oídos del sufrido marinero barbudo.


Los dos últimos títulos, Vuelo 714 para Sydney y Tintín y los Pícaros, suponen el regreso a la Aventura “con A mayúscula”, como defenderá Hergé. De nuevo nos encontramos con tramas detectivescas, con cierto aire Hitchcock en el caso del primer álbum, y con la defensa del débil y denuncia de la tiranía en el segundo.

El álbum incompleto, la aventura nunca acabada de Tintín, Tintín y el Arte Alfa, fue publicado póstumamente.
Los bocetos, anotaciones y un esbozo de guión son el embrión de una historia sobre el tráfico ilegal de arte y las sectas religiosas que se adivina apasionante. Algunos especulan con la posibilidad de que en este número Hergé pusiera fin a las aventuras del joven periodista, dándole muerte a manos de sus enemigos, en manos de los cuales queda Tintín en las viñetas que forman los puntos suspensivos del malogrado volumen.

La línea clara, claro

Es imposible hablar de Hergé sin incidir en su importancia como fundador de la corriente que se dio en llamar “línea clara”, característica de la escuela franco-belga. Trazo limpio, gusto por el detalle, fondos impecables, colores planos, diseño de personajes a medio camino entre el realismo y el cartoon, elegancia y un gusto por el género de aventuras muy documentado, y la narración lineal, clásica, sin casi espacio para la experimentación (al margen de los tics autorales, que también los hay).

Los álbumes del Tintín que todos hemos leído no son los originales. Como lo leen. Inicialmente fueron publicados en blanco y negro, hasta que la editorial Casterman plantea una revisión estilística a He gé, que se servirá de una serie de colaboradores en su propio estudio para renovar (y dicho sea de paso, mejorar) la serie.
En esta labor de restauración, cobra un papel muy importante Edgar P. Jacobs, siempre a la sombra de su maestro y encargado de los fondos de viñeta y grandes postales. El padre de Blake y Mortimer tuvo una labor imprescindible en títulos como Las Siete Bolas de Cristal y El Templo del Sol.



En definitiva, Hergé ha sido un artista capaz de trascender el medio en el que ha desarrollado su obra. La “línea clara” no es el único legado del belga, que ha inspirado a pintores tan significativos como Roy Lichtenstein o Andy Warhol. Esto le convierte en apóstol de un medio que ha sufrido sus crisis a favor de otras manifestaciones, pero cuya capacidad para reflejar el mundo y cómo lo entendemos se hace notar al abrir al azar cualquier página de un álbum del joven periodista belga del mechón pelirrojo.

BOCADILLOS DE VIÑETAS . Suda Sánchez BOCADILLOS DE VIÑETAS . Suda Sánchez
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