QUATROCCENTO A DÍA DE HOY
Escribo mi poema en el interior de Santa María Novella (Florencia).
Elijo este espacio porque, como es normal, un 21 de mayo a las 3 de la tarde,
a la intemperie, en la toscana italiana, pega un lorenzo considerable.
Por otro lado ni que decir tiene que me agradan este tipo de absurdos.
He paseado por el duomo tratando de esquivar la marea turista,
procurando no ser ese careto anónimo que aparece en el visor de tu cámara.
Me resulta curioso el hecho de que la gente parezca mas preocupada en obtener la foto que en disfrutar del lugar en cuestión. Lo importante es demostrar que se ha estado en tal sitio u otro, dejar constancia de tu paso por la tierra... Yo lo veo como otra sutil forma de autoengaño, uno de tantos mecanismos creados para obviar lo inevitable.
Como voy solo me muevo libremente y si me agobia la masa me escapo por la banda,
no me relaciono con nadie, pero por alguna extraña razón, la gente, curiosa, si lo hace conmigo. Observan mi pecho, con rostro periodístico los veo intentando descifrar el mensaje que se les presenta, como si se hallaran frente a la columna trajana o las puertas de Ghilberti en Santa Maria dei Fiore, desean comprender el sentido de aquella enigmática serigrafía, el porqué del misterioso arcano…
Si quieres hacer amigos ponte la camiseta de Manolito Espinberg. |