Miro a mi derecha
y entre la pelotera distingo una mirada que se clava en la mía,
al encontrarnos ella se apresura a apartar la vista.
Ruborizado, yo hago lo propio,
disimulo y vuelvo a mirarla como el que no quiera la cosa.
Es una chica realmente guapa,
paulatinamente comienzo a sentirme mejor,
saboreo mi autoestima en alza
y hago lo que sé hacer,
fantaseo.
Pienso que estaría bien quedar con ella,
descubrir alguien interesante,
no sé,
gustarnos,
salir juntos,
dormir desnudos,
burlarse un poco de la muerte.
De repente
me llama la atención un tío que parece haber visto la virgen del Carmen
¡vaya careto!
es curioso la cara de jibia que se lo pone a uno en el metro,
el nivel de quemaera es realmente elevado.
En frente de mi hay un tío haciendo un crucigrama,
tres leyendo como pueden,
otro que, con dos huevos, ha metido la bici,
algunos que tratan de escuchar música,
una vieja a la que no se le ha cedido el |
asiento,
el resto en pause
y dos niños ajenos a la catástrofe.
Ahora vuelvo a centrarme en la chica,
pienso que podría decirle algo,
¿por qué no?
todo es posible!
siempre se escuchan historias de este tipo que salen bien.
Aunque por otro lado,
hay que tener cierta técnica para entrar de esa forma
y yo, innegablemente, carezco de ella.
Pero bueno,
qué importa,
no tengo nada que perder,
además si no lo hago nunca sabré qué habría pasado…
Carpe diem!
Después de hacer repaso a todos los tópicos que he aprendido para derrotar el miedo
decido pasar a la práctica,
ahora sí me lo creo,
visualizo sus ojos,
vuelvo a saborear mi autoestima en alza,
me crezco y, confiado,
miro a la derecha,
hago un primer reconocimiento
y sin más,
directamente,
la busco entre el mar de cabezas,
la busco,
pero ella,
ya se ha ido.
|